jueves, 12 de abril de 2012

El comienzo

Descubrí la cerámica hace mas de 17 años. Me fascinó el proceso de la transformación desde los materiales en polvo hasta obtener, por medio del fuego, vasijas y otros utensilios, todos realizados a mano.

Durante todo este proceso mi preocupación fue como colorear las piezas y lograr que cada una tuviera identidad propia. Investigué y experimenté con óxidos metálicos para lograr diferentes efectos en las piezas, y también, alteré la temperatura y el ambiente dentro del horno. Con un horno a gas se podían obtener resultados diferentes a las horneadas realizadas en un horno eléctrico, ya que era más fácil lograr un ambiente sin oxigeno.

 
Una horneada a gas requiere más trabajo y estar en todo momento en el lugar de la quema para poder controlar, hay un mayor compromiso con las piezas.



Esta fascinación por los procesos químicos de la transformación de la arcilla y los esmaltes, me hizo interesarme por conocer el comportamiento del vidrio sometido al calor del horno. Lo me ayudo a que resultará más fácil entender el juego de las transformaciones físicas y químicas que ocurren cuando se modifica el vidrio a través del calor, aún así he aprendido de algunos errores.

El vidrio permite una gama maravillosamente amplia de creación y expresión artística y tiene enormes posibilidades de trabajo.

Cada quema es una aventura que no termina hasta sacar las piezas del horno y darles el acabado final, lo que hace a cada pieza única.

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