Descubrí la cerámica hace mas de 17 años. Me
fascinó el proceso de la transformación desde los materiales en polvo
hasta obtener, por medio del fuego, vasijas y otros utensilios, todos
realizados a mano.
Durante todo este proceso mi preocupación fue como
colorear las piezas y lograr que cada una tuviera identidad propia.
Investigué y experimenté con óxidos metálicos para lograr diferentes
efectos en las piezas, y también, alteré la temperatura y el ambiente
dentro del horno. Con un horno a gas se podían obtener resultados
diferentes a las horneadas realizadas en un horno eléctrico, ya que era
más fácil lograr un ambiente sin oxigeno.
Una horneada a gas requiere
más trabajo y estar en todo momento en el lugar de la quema para poder
controlar, hay un mayor compromiso con las piezas.
Esta fascinación
por los procesos químicos de la transformación de la arcilla y los
esmaltes, me hizo interesarme por conocer el comportamiento del vidrio
sometido al calor del horno. Lo me ayudo a que resultará más fácil
entender el juego de las transformaciones físicas y químicas que ocurren
cuando se modifica el vidrio a través del calor, aún así he aprendido
de algunos errores.
El vidrio permite una gama maravillosamente amplia de creación y expresión artística y tiene enormes posibilidades de trabajo.
Cada
quema es una aventura que no termina hasta sacar las piezas del horno y
darles el acabado final, lo que hace a cada pieza única.